Terapia.
Después de andar perdido por una verdadera jungla de miles de metros cuadrados de arte en venta, con el paladar visual seriamente saturado, nada mejor que zambullirse en el verde de otros bosques: en manso refugio de ciervos, en el suave murmullo del agua, en el rumor de las hojas por las que se cuela tierno el sol que te calienta, en la hierba fresca de la ribera, en la sedosa música de la luz calma del domingo…
Muy cerca de aquí, la Naturaleza se ofrece voluptuosa, como una madonna italiana de negro y largo pelo, que te acuna celosa entre sus grandes pechos: Sierra Madrona la llaman.
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